(81 ó 82)
Nos habían regalado un canario, mi hermano no quería que se quedara encerrado, me grilló (acción de persuadir mediante diversas argucias), y terminó por convencerme de que no era justo que el pajarito viviera encerrado en una jaula. Ambos grillamos a mi mamá y una mañana antes de irnos, nos despedimos del canario, lo dejamos en el patio con la jaula abierta.
Regresamos por la tarde y el canario aún estaba dentro, no salió, eso se repitió dos días, al tercero por fin desapareció. No sé si por una reflexión libertadora del mentado pajarito o por acción materna, el caso es que después de tres días, habíamos vencido las cadenas de la opresión, de un canario.
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