"…Después vinieron las masacres de Aguas Blancas y Acteal, y no hice nada porque no era zapatista, ni campesino. Después vino la represión en Cancún, Guadalajara y Atenco, y no hice nada porque no era altermundista, globalifóbico ni comunero. Después llego la PFP a Oaxaca y no hice nada porque no era oaxaqueño. Después mataron a más de cuarenta mil personas entre narcos, sicarios, soldados, policías y miles de inocentes y yo no hice nada porque me paralizó el miedo. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hacer algo por mí."

Frase reeditada a la mexicana por su servilleta, se le atribuye erróneamente a Bertolt Brecht en realidad la dijo/escribió (¿?) Martin Niemoeller.

martes, 16 de agosto de 2011

Preso

(1ra parte)
Lo sentenciaron a cadena perpetua en aislamiento total, lo encerraron para siempre en una celda subterránea de la sección B. No obstante, hay que admitirlo,  la dirección del penal fue piadosa y le concedió el privilegio de la luz, una pequeña ventana al borde del techo a tres metros y medio del piso, de tal forma que ni con el mejor de sus saltos alcanzara a ver algo.

Se rebeló junto con miles pero cometió el pecado de ser organizado. Se les persiguió con más furia de la habitual, en su búsqueda cayeron compañeros, su familia y su pareja. Hasta que dieron con él. La tortura fue especial en su caso, con calma, metódica, salpicada de sangre, electricidad y escusados,  los días se borraron entre interrogatorios, torturas y atención médica para resistir otra tanda de las dos primeras.  

Un día llegaron por él, lo atendieron, disimularon sus heridas, en el inter hasta lo bañaron, lo peinaron y, por fin lo sacaron, sobrevivió, sonrió. Le tomaron fotos y lo llevaron a firmar una declaración que nunca había declarado, para después ser enjuiciado en  las entrañas recién pervertidas de la ley y recibir el castigo del Estado.  

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