2da. parte
Las primeras semanas las pasó recordando libros, anécdotas, intercalando introspección con ejercicio, sentadillas, saltos, cualquier cosa para distraer las nubes del encierro. Al tiempo, amenazando con el paso de cada día, llegó finalmente el letargo vacío de esperanzas, enmarcado en seis caras de concreto. Fue dejando de pensar, de moverse, de vez en cuando de respirar, pero siempre volvía, cada vez con menos energía.
Hacía tiempo que había dejado de insistir con el guardia, pasaba agua y comida una vez al día por la rendija debajo de la puerta de acero, no importaba que le dijera, el guardia nunca respondía. Incomunicado perpetuo contando el tiempo, intercalando el menú carcelario con horas mirando un techo, hasta el arribo del siguiente almuerzo, llevado por un guardia mudo o sordo o sádico o quizás muy celoso del cumplimiento de las órdenes.
Años de letargo mirando el techo, el cielo, el techo, llevaba más de un tercio de pared ocupada por rayitas ordenadas en grupos de cuatro y atravesadas a su vez por otra diagonal, cuando descubrió algo imperdonable por no verlo antes, vida. Preso en aislamiento hasta que los efectos de la putrefacción le concedieran la libertad, de tanto mirar al cielo olvidó la tierra, o más bien la plancha de concreto, o más bien la pequeña grieta en el piso por donde se había colado la vida para hacerle compañía, un preso y una semilla habían burlado al sistema.
2 comentarios:
Igual podía haberse colado por la ventana de escape de la demencia.
wueno todavía me faltán como otras tres partes pa terminarlo:-P
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