1) Decir: Es que me
gusta comérmelos. Aunque sea cierto dicha costumbre culinaria suele ser
desagradable para la mayoría de las personas, vale más saciar dicho antojo en
la intimidad.
2) Hacerlo bolita rápidamente
y lanzarlo lejos. Puedes pensar que con esta maniobra rápida pueda
olvidarse pronto el asunto, pero si ya te sorprendieron quizás sería más
prudente encarar el problema y defender tu derecho a sacarte los mocos.
3) Embarrarlo discretamente
en el primer lugar que encuentres. Aquí, como en el caso anterior, puede ser
que lo correcto sería asumir tu derecho a sacarte los mocos y ya encarrerados y
sin ningún empacho pues también defender tu derecho a embarrarlos en cualquier lado
sin necesidad de andarte escondiendo.
4) (En caso de estar más
liquido que solido) Tratar de absorberlo con una fuerte y rápida aspiración nasal.
Si lo intentas y sale mal, el moco puede terminar pasando a tu boca y aparte
del sabor desagradable podrías terminar escupiéndolo, haciendo de un simple
moco un moco-gargajo que puede resultar mucho más desagradable a tu escrutador
y futuro delator.
5) Decir: ¿Gustas?
Si bien, el hecho de que quien te haya sorprendido pueda o no compartir el
habito de sacarse los mocos, no quiere decir necesariamente que pueda compartir
también el habito de comérselos. Incluso si así lo fuera, la posibilidad de que
estuviera interesado(a) en saborear los mocos ajenos es muy escasa, dicho esto; lo que pudo haber sido un gesto de buena educación por parte tuya al ofrecerle
tus mocos podría ser tomado como una aberración escatológica por lo cual vale
más no estar ofreciéndole a otras personas tus mocos.
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