A más de cincuenta días del
asesinato y desaparición de los normalistas,
el descontento sigue creciendo.
Para muchxs no son sólo 43 o 46, o 20 mil o 130 mil las familias afectadas. La
marea de injusticias, violencia y corrupción en estos sexenios de desgobiernos,
no es gratuita, ni avanza sobre un valle de seres pasivos (por mucho que ellos
quisieran). Tarde o temprano algo en este país tenía que plantarse y
enfrentarlo y ante un presidente que ni
llegó legal, menos contó con legitimidad, parece que el asunto sólo consistía
en cuando, pero él solito a fuerza de cometer error tras error pues lo está
apresurando.
En estos días en lo que he tenido
chanza de participar, ver y leer, me saltan
dos que tres cosas; por un lado esto del temor a la “anarquía” que creo hace referencia
más bien al tipo y forma de las movilizaciones durante las últimas semanas y quizá
en un nivel que pueden tener o no claro, puede ser que se estén refiriendo a la
disolución del Estado. En lo personal creo que estamos lejos de eso, pero se me
hace que vale la pena observar que llevamos
cerca de tres décadas en un proceso de disolución paulatina del Estado como se
concebía, gobiernos cada vez más débiles, ante élites empresariales nacionales
y transnacionales emergentes que imponen
su agenda a las administraciones de cada país, en síntesis el modelo neoliberal
claro y llano.
La bronca está, escarbando un
poquito en la noción de Estado, que por cierto parece que muchos lo están
realizando, en que podemos recordar que el poder reside en el pueblo, y no en
la mentada enajenación del soberano, léase en un modelo de democracia
representativa: el presidente de la nación. En un sentido distinto, vaya, el
soberano es el pueblo y aunque todavía mucha gente le tenga miedo a esta sujeto:
PUEBLO, éste es la fuente y la base del poder de un Estado-nación
Parece redundante o anacrónico el
asunto de que en pleno siglo XXI tengamos que recurrir a un sujeto abstracto, amorfo,
subjetivo, problemático y tan polisémico como el de pueblo para plantear alternativas a
la crisis en la que nos metieron los que administran nuestro país. Pero podríamos
verlo en un sentido inverso a la frasecita de Goebbels esa de: “Una mentira
repetida mil veces se convierte en una verdad” (o algo así por aquello de que
el alemán nunca se traduce bien al castellano).
Tonces a la inversa: Una verdad,
por mucho que sea repetida hasta el cansancio -o el hartazgo, aunque cree un
rechazo automático o un temor introyectado- no le quita su condición de verdad (No
nos metamos en el asunto de verdades absolutas, me quedo con el de verdades
concretas, sujetas a un contexto). El asunto
es regresar al problema de fondo, y éste puede ser no olvidar, ni tenerle miedo,
al hecho de que el Poder reside en nosotrxs, no en un presidente, ni en un
gobernador, ni en un ejército. Y una manera de ejercer ese poder no es solamente
pedir la renuncia de quien nos representa cuando se demuestra que es incapaz de
gobernar, sino que: si se demuestra que es un delincuente también se vale pedir
cárcel y eso va desde Peña, pasando por Duarte hasta mandos del ejército. ¿Por qué no podemos exigir justicia? ¿Por miedo?
¿Porque más vale presidente malo, ratero o asesino conocido que pueblo consciente
por conocer?
Igual el problema es el de no
caer en el discurso falaz del miedo que llama a la inmovilidad y a ser
habitantes pasivos de un país que no lo están arrebatando a punta de pistola (de
narcos y policías), pero también a punta de reformas injustas. Si no pasamos de
la condición de habitantes a la de ciudadanos, sujetos conscientes de nuestros derechos
y obligaciones, pero también dispuestos a ejercer y exigir que se respeten esos
derechos y que las autoridades también lo hagan, nos va a pasar que para cuando
el niño despierte, lo va a hacer pero en
el estómago del dinosaurio de Monterroso.
En otras palabras, intereses empresariales por encima de los
sociales, corrupción y represión, tarde
o temprano iban a hacer mella en algún lado y aunque ya llevamos años padeciéndolo
el 26 de septiembre es una gota, aún está por verse si es la que desbordará el
vaso. Pero pus sin miedo: reflexionar, actuar y claro sin caer en provocaciones
porque a este gobierno se le cuecen las habas para tener un pretexto y
deslegitimar al gigante que se le viene encima.
Wueno todo este despotrique
porque vi un vídeo que está cabrón, indigna y peor aún, es enterito, parte de
la realidad de nuestro país en pleno siglo XXI, aquí lo dejo.
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