Llegado a cierto
punto, la vida se nos presenta como un rompecabezas, a veces ilógico, a veces necio,
una imagen completa y a medida que crecemos o avanzamos, se van restando piezas
para quedar incompleto y a la vez sigue siendo un todo.
Van desapareciendo piezas importantes como nuestros seres
queridos, la claridad ya no es tal, muchas de las cosas que antes eran centrales
de pronto ya no lo son, se desvanecen, mientras algunas partes del cuadro que
parecían insignificantes van cobrando relevancia para convertirse en puntos áureos.
La imagen inicial se va haciendo difusa o incompleta.
Algunas de las piezas las quitamos voluntariamente, otras se nos arrebatan,
otras las perdimos sin darnos cuenta, otras siguen estando ahí aunque no las
podamos ver, hasta que finalmente se disuelven por la persistencia del olvido.
Es como si se fueran permutando los personajes del cuadro, el
paisaje de fondo, los elementos en primer plano. En algunos casos, se me
ocurre, el centro de la imagen dejan de ser tus padres cuando aparecen hijos,
en otros casos el centro siempre fue el mismo sujeto, ese yo egoísta, en otros
el yo nunca estuvo como eje, más bien estuvo allá atrás en el plano más
alejado, revoloteando de vez en cuando o construyendo su rompecabezas en
función de los demás, armando su vida a través del modelo de otros.
Total de vez en cuando los ejes o los márgenes, depende del
tipo de rompecabezas, colapsan y se disuelve la imagen de lo que eran nuestras
vidas, y nos obligan a empezar de nuevo.
A veces, quizás la
mayoría de las veces, armando el
rompecabezas de manera inconsciente, aleatoria, sin un fin, sin objetivos, simplemente tomando piezas de aquí y de allá
para completar lo que se supone es o nos habían dicho que debía ser nuestro
modo de vida. Contrayéndola a través de
un velo de patrones, juicios, aspiraciones y miedos adquiridos en el camino.
A veces, quizás las menos de las veces, tenemos tiempo de
dar un paso atrás y mirar el vacío dejado en el colapso de nuestra antigua imagen,
lo que nos permite dar un respiro y reflexionar lo andado para empezar de nuevo
su construcción.
Empezar por los márgenes o por el centro puede ser la decisión
más difícil al iniciar nuestro nuevo rompecabezas.
Finalmente de lo que se trata es de crear
una imagen congruente, más allá de los patrones estéticos, de los modelos de
otros, el fin es que resulte bella para nosotros mismos. No se trata de romper
nuestras cabezas en el intento, sino de disfrutar el trayecto, la permanente
construcción de nuestra ilógica (nuestra lógica y rebelde) existencia.

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