En algún lado leí hace años un cuento sobre un tipo, creo
que la historia se desarrollaba en la India, bueno el caso es que el tipo era
ateo y en un arranque sacrílego le puso a su hijo el nombre de un dios, no
recuerdo bien el cuento ni su origen, supongamos que lo llamó Shivá.
Total que el tipo le llama así a su hijo y pues resulta que
con el tiempo y el crecimiento de su hijo, el padre ateo le profesa un gran amor
a su hijo, sintetizando pues el ateo cuando está al borde de la muerte sólo
quería que su hijo estuviera ahí con él en sus últimos momentos, y no recuerdo
porque razón el hijo no podía estar. El padre finalmente muere en medio de suplicas
repitiendo constantemente el nombre de su hijo… Shivá. Razón por la cual al morir el ateo pronunciando el nombre de su
hijo, al tiempo el nombre de dios, alcanza la redención y su entrada al cielo o
más bien el equivalente en su contexto.
Toda esta introducción para referirme al primo de un amigo que
resulta ser ateo y que curiosamente cuando se encuentra en la intimidad -en
medio del climax originado por el contacto físico de tipo carnal con su pareja-
cogiendo, para que se entienda, lo único que atina a decir cuando está por
llegar a tan ansiado momento es; dios, dios, dios!!!
¿Sera acaso que a este ateo le depare igual destino que al sacrílego
aquel que le puso el nombre de Dios a su hijo?
Bueno en primer lugar para que pasara eso tendría que
existir un dios no? Mientras son peras o son manzanas dicho primo de dicho
amigo sigue repitiendo dioses cuando está al borde de un orgasmo. Sin
importarle un pepino su incredulidad al respecto. En esos momentos algún dios
del sexo, quizás, se haga presente.
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