"…Después vinieron las masacres de Aguas Blancas y Acteal, y no hice nada porque no era zapatista, ni campesino. Después vino la represión en Cancún, Guadalajara y Atenco, y no hice nada porque no era altermundista, globalifóbico ni comunero. Después llego la PFP a Oaxaca y no hice nada porque no era oaxaqueño. Después mataron a más de cuarenta mil personas entre narcos, sicarios, soldados, policías y miles de inocentes y yo no hice nada porque me paralizó el miedo. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hacer algo por mí."

Frase reeditada a la mexicana por su servilleta, se le atribuye erróneamente a Bertolt Brecht en realidad la dijo/escribió (¿?) Martin Niemoeller.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Divagues de diciembre del 2013 en el Norte de México




Mientras la canasta básica de diconsa sufre una cirugía estética para hacer como que era la de antes cuando ya no es tal y ni siquiera incluye verduras (http://www.jornada.unam.mx/2013/12/16/sociedad/044n1soc), al tiempo que anula la carne roja y nos deja con sardinas y atún como fuente de proteínas. El aumento al salario mínimo nos da para cinco tortillas (http://aristeguinoticias.com/1912/mexico/video-para-5-tortillas-o-medio-boleto-del-metro-alcanza-aumento-de-salario-minimo-galvan-ochoa/), al precio del sur, aquí se me hace que ni para eso, nos alcanza también pal segunda viaje en el pinchebus –si la tarjeta no te robó un viaje extra en la pasada por el scanner. Al mismo tiempo la Organización Mundial de la Salud dice que somos uno de los países más briagos del planeta (http://www.jornada.unam.mx/2013/12/18/sociedad/044n1soc), cuando menos somos el más borracho del continente.

Paralelamente da inicio el maratón Guadalupe-reyes, también la reprivatización –ora si “legalmente”- del petróleo,  reformulan –por no decir prohíben- el derecho a manifestarse. Y la gente,  la gente se amontona en las tiendas tratando de comprar la felicidad de la semana que entra mientras se dan cuenta de que su dinero les alcanza cada vez para menos.

Otros se quedan (¿nos quedamos?: No, yo también ando comprando),  en la esquina esperando el surgimiento, el nacimiento de una convergencia vengadora que venga a darle al traste a todas esas sandeces llamadas irónicamente reformas.

Pero la mayoría no nos damos cuenta del precipicio. Se nos pregunta como estas y decimos: todo bien y me acuerdo (parafraseando a Taibo II en una de sus novelas de Belascoáran), del tipo que cae desde la punta de un edificio de treinta pisos y al pasar cayendo por el quinceavo piensa: voy en el quince y por el momento todo va bien…

¿Toda va bien? ¿Para quién? 

Un tipo de apellido Brown pensando en el 25 de septiembre madrileño del año pasado (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=156564), recurría a Clausewitz y a Sun Tzu  desde sus perspectivas de la Guerra y le da en la torre al primero. De sus apuntes me quedé con algo que luego metamorfoseé y creo se aplica a nuestra realidad: Hay guerras como las gabachas, las preventivas que destruyen al enemigo, destruyen sus ciudades, destruyen sus instituciones, su infraestructura,  sus sistemas de gobierno. Luego llegan y les venden a los vencidos todo nuevo, todo aquello que ellos mismos arruinaron. Ahí está el negocio. Destruir para vender, enajenar para convencer, privatizar para encarecer.
De la noción de guerra de Clausewitz a las estrategias de mercado neoliberales no hay tanta distancia según parece. De las nociones de guerra de Sun Tzu a las respuestas de China como potencia tampoco hay tanta diferencia hay que aceptarlo también. De todo esto rescato un aspecto extraño que maneja el autor haciendo una analogía entre el Go y el ajedrez.  

“Cuando el poder se entiende como relación, nunca hay una jugada definitiva, ni una toma del poder. Una relación no se "toma", sencillamente porque, a pesar se siglos de ideología teológico-política que ha pretendido en Occidente lo contrario, el poder no es una cosa. Como nos enseñan el juego del "go" y la propia realidad la única realidad del poder es la correlación de fuerzas. No hay nunca ningún poder absoluto, ni ningún poder sustancial”.

Se manifiesta aquí una idea si bien un tanto vieja, para nada carente de sentido y de actualidad. Cuando hablamos de relaciones de poder vale la pena señalar su redundancia: el poder en sí mismo es una relación y olvidar esta cualidad nos lleva a pensar que otros tienen el poder, nos enajena, nos la creemos cuando decimos que los que tienen el poder nos tienen jodidos. Olvidando la relación que existe entre gobernantes y gobernados, mientras los primeros efectivamente nos joden y nosotros continuamos reverenciándolos cual si fueran insustituibles.
Bueno y qué hacer? pues leer, organizarse y pensarle porque si no continuaremos la caída y para cuando pasemos a toda velocidad al lado del tercer piso lo último que alcanzaremos a pensar es que todo sigue bien.


Va una última liga de un texto viejito y que mete a algún dios, total el librito tiene su vigencia: http://www.tumbonaediciones.com/descargas/DesobedienciaCivil.pdf

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